VUELTA AL HOGAR. DEL 26 AL 28 DE AGOSTO

Participantes: Bruno, Rodro, Jorge; Rolo y Susana controlando nuestra salida

Jorge al habla:

Viernes, 26 de Agosto de 2016

Al caer la tarde nos reunimos en la taberna TJ tres marineros de la armada Ninphargusina: Rodro, Bruno y Jorge (el que escribe). Celebramos el encuentro con una ronda de zumo de cebada acompañada de carne seca y especiada, cortesía de Tomás, el posadero.

Aprovechando la luna menguante y tardía, y a lomos de nuestras monturas nos desplazamos hasta el embarcadero oculto. La marea está más baja que nunca, y del temible viento trifónico hoy apenas podemos apreciar una leve y continua brisa fresca y húmeda.

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Troglobios en el pasillo de entrada

Protegidos por la oscuridad botamos nuestros botes a las frías y tranquilas aguas. Nos espera una hora de sortear escollos por estrechos y sinuosos canales, con el riesgo de quedar encallados entre las estrechas paredes, para desembarcar a escondidas en una rampa de barro por la que debemos arrastrarnos hasta llegar a una vieja cuerda, que nuestros ancestros dejaron preparada años ha, y que nos permitirá trepar hasta los acantilados. Y por fin, llegamos al viejo campamento, que una vez más servirá de base a nuestras incursiones.

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Pozo fantasmal

Celebramos nuestra llegada con delicioso vino tinto. Preparamos unas camas con ropa seca. Poco a poco, el cansancio se apodera de nosotros. Mañana nos espera un duro día en el Trifon.

Sabado 27 de Agosto de 2016

Por la mañana, el sueño se apodera de nosotros. Todavía adormecidos por los verdes vapores trifónicos, preparamos un café caliente, que acompañamos con pan, mantequilla y mermelada, que devoramos con avidez.

Por la mañana, nos dedicamos a inspeccionar los niveles superiores del cañón de entrada. Nuestros compañeros de aventuras dejaron instaladas maromas por las paredes, gracias a las cuales podemos librar con dificultad los últimos metros del canal de entrada. Desde allí y una vez finalizado el tramo equipado nos dejamos caer hasta el canal. Nuestra idea es tratar de alcanzar un lugar intermedio que nos permita escalar a niveles superiores y al que podamos acceder desde nuestro refugio y sin necesidad de mojarnos. Lo conseguimos, tras practicar complejas acrobacias entre las estrechas paredes, para evitar sumergirnos en las frías y agitadas aguas, pero no podemos emprender la ascensión por falta de recursos para la misma.

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Descendiendo de nuevo al río

Así, emprendemos regreso sobre nuestros pasos para comer un bocado. Y poco antes de alcanzar de nuevo el campamento damos con un recoveco por el que nos arrastramos con dificultad hasta alcanzar una reducida galería ornamentada con láminas ferrosas y coladas blancas, de gran belleza para nuestros ojos. En el suelo encontramos densos nódulos de metal, que recogemos para tratar de estudiar.

Tras devorar con avidez embutido y carne en salsa y un breve rato de asueto, nos encaminamos hacia otro nuevo sector de la cavidad, con el propósito de recoger, con ayuda de complejos aparatos, imágenes que mostrar a nuestros compañeros que no han podido venir con nosotros. Un breve paseo, seguido de una emocionante escalada nos lleva al nuevo sector. Enormes salas nos reciben. Nuestras lámparas apenas alcanzan a iluminar una pequeña parte de las extensas galerías antes de perderse en la negrura infinita.

Nos perdemos en una primera estancia, de grandes proporciones. De frente, caminamos hasta lo que parece ser el final de la misma, pero esta se prolonga en la inmensidad arriba y abajo. Accedemos a continuación a la sala a la que llaman TJ en honor a la taberna de Soncillo, y a su hospitalario posadero. Desde allí, por recovecos entre viejas coladas anaranjadas a una tercera gran sala, con suelo de arena.

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La sala TJ

Tras un largo paseo retomamos camino de vuelta hacia el campamento. Llegamos cerca de las 11 de la noche. Devoramos algo de comida caliente caliente que acompañamos con brebajes y plantas medicinales para relajar el espíritu e invocar al sueño. En torno a la medianoche yacemos en nuestros colchones y hamacas.

Domingo, 28 de Agosto de 2016

Amanecemos tras una plácida noche. Con el cansancio acumulado y la ausencia de luz, hemos dormido más de diez horas, y como debemos salir a mediodía, tenemos el tiempo contado.

Después de un café caliente y algo de desayuno, recogemos y preparamos el campamento para próximas incursiones. Empaquetamos para llevarnos algunas cosas. Se acerca el momento de recorrer de nuevo el angosto canal que nos llevará hasta el exterior. Y por fin, cerca de la 1 de mediodía abandonamos de nuevo la zona fósil para acometer la salida.

En torno a una hora después, alcanzamos el pasillo infernal, y el único que nos separa ya del exterior. Escuchamos voces: Rolo y Susana han venido a esperarnos.

Con gran regocijo, celebramos la llegada con tres cervezas cortesía de la taberna TJ, que dejamos el viernes enfriando en la fuente, mientras comentamos nuestras peripecias con los compañeros que han venido a esperarnos.

Una variada y merecida comida en la taberna, con sobremesa en la plaza ponen broche al fin de semana. De momento, el Trifon ha quedado de nuevo solitario; esta vez será por poco tiempo…

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