Participantes: Bruno, Carla, Irene, Lorenzo, Rober, Jorge (al habla)
Las fotos que acompañan al texto son de Lorenzo, a excepción de la primera que es mía
Sábado, 1 de Octubre de 2016
Esta entrada al Trifón resulta bastante especial por la presencia de nuevos exploradores en la cueva, y muy especialmente por la presencia con nosotros de Lorenzo, que ha venido decidido a hacer fotografías en el nivel superior descubierto recientemente, el cual espero que haya cumplido las expectativas creadas. Las fotografías, desde luego, son impresionantes. Además, hemos aprovechado para presentar la cueva y el funcionamiento del vivac a la gente nueva.
La cosa fue así: Nos juntamos en la campa de Hoz a eso de la 11:45, poco a poco y en grupetes dispersos, acumulando un retraso inversamente proporcional a las horas de sueño. Así que la entrada la hacemos en dos grupos separados, con idea de que Irene y Lorenzo, que van a entrar y salir en el día puedan moverse más ágiles que nosotros, que llevamos algo de carga. Así que ellos dos, junto con Carla entran de avanzadilla, mientras que el segundo grupo tardamos aún cerca de una hora en movernos.

Después del intenso pasillo, de las gateras, el gran cañón, del lago y de embarrarnos hasta las cejas, alcanzamos la cuerda y llegamos a la zona fósil.
En torno a las 14:00 estamos saliendo del neopreno mojado, echando un bocado en el vivac y preparándonos para la próxima media hora de paseo, que nos conducirá al recién encontrado sector superior. Inicialmente dispersos, poco a poco nos reagrupamos en torno a Lorenzo y su cámara de fotos en una sala de suelo arenoso y poblada de delicados adornos. Después, volviendo unas preciosas flores de Aragonito y otras delicadas joyas Trifonianas.

Mientras tanto, ratoneamos un poco la zona, con cierto éxito, pues destrepando entre bloques inestables conseguimos llegar a una especie de charca, completamente seca y con barro. Siguiendo una galería, localizada en un hueco entre bloques y concrecionada, llegamos a una repisa que nos asoma a un pozo de unos 10 metros de profundidad, aparentemente puesto que no se ve el fondo y el destrepe es muy expuesto.
Después una ventana más adelante nos da la impresión de continuar una especie de galería hacia la izquierda y un probable meandro encajado a la derecha, así que apuntamos el sector pendiente de visitar y balizamos con un par de hitos las gateras de entrada. Al salir, descubrimos con sorpresa que hemos salido por una gatera a unos 20 metros del lugar donde hemos entrado. El laberinto de bloques del suelo promete albergar misterios y puede depararnos alguna sorpresa.

Volvemos a las coladas de la parte alta de la sala TJ, allí nos entretenemos de nuevo sacando fotos en unas enormes fauces calcáreas. De ahí y ya con las baterías agotadas, nos encaminamos a la gran sala a la izquierda de la zona nueva, donde ratoneamos brevemente en una zona ascendente y de techo bajo que tira y tira hacia arriba probablemente paralelo a la superficie del terreno. En torno a las 19:30 volvemos hacia el vivac y pasadas las 20:00 Carla, Lorenzo e Irene nos dejan y salen al mundo exterior.
Los que nos quedamos, después de un breve paseo hasta el pasamanos sobre el río, nos aposentamos en el vivac, bastante cansados. Rober se curra una de las mejores cenas jamás habidas en el Trifón. Derrotados, pasadas las 11 nos echamos a dormir en una plácida noche Trifoniana.

Domingo 2 de Octubre de 2016
En torno a las 10:30, poco a poco, amanece en el Trifón. Largo y energético desayuno, recogida de comida y enseres del vivac y tradicional ritual de la puesta del neopreno mojado para acometer la salida bastante cargados a eso de las 13:00. Hacia las 15:00 fuera y de camino a las furgos; una hora después rumbo al TJ; cervecita, plato combinado y café y cada mochuelo a su olivo.
Una visita general en el que hemos descubierto un nuevo Trifón a través de los objetivos de Lorenzo.